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HIERROS VIEJO PARA UN SUEÑO NUEVO: LA ANATOMÍA DEL COLAPSO EN LA LÍNEA Z

REDACCIÓN

La selva del Istmo de Tehuantepec no perdona la soberbia, pero mucho menos perdona la obsolescencia. El pasado lunes, el silencio de la Línea Z fue desgarrado por el estruendo del acero retorciéndose; un sonido que, para los expertos en infraestructura, no fue una sorpresa, sino el eco de una advertencia ignorada. 13 ataúdes y 98 camas de hospital son hoy el saldo de un proyecto que prometía unir océanos, pero terminó uniendo negligencia con fatalidad.

El Esqueleto del Fracaso

Apenas un mes después de que el listón tricolor fuera cortado entre aplausos oficiales, el Tren Interoceánico yace como una bestia herida en los suelos de Oaxaca. Sin embargo, para entender por qué el tren se salió de las vías, no hay que mirar solo el balasto, sino los libros de contabilidad.

La investigación revela que el “Orgullo del Istmo” fue construido sobre los desechos de Norteamérica. Las locomotoras #520 y #522, adquiridas a Canadá, no eran máquinas de estreno; eran veteranas de 1988 con un historial clínico de “fallas frecuentes” que las llevó de mano en mano —de GO Transit a RB Leasing, de Metrolink a LTEX— hasta que México las compró en 2023 por 2.7 millones de dólares.

Peor aún es el caso de los vagones Budd SPV-2000. Fabricados entre 1978 y 1980, estas reliquias mecánicas habían sido jubiladas en los años 2000 en Estados Unidos. Se les removió el motor, se les dio una capa de pintura “ejecutiva” y se importaron por un valor de 1.1 millones de dólares cada uno. México no compró tecnología; compró nostalgia mecánica a precio de oro.

“Ya cuando se descarrile, va a ser otro pedo”

La frase, filtrada meses atrás por integrantes de “El Clan”, resuena hoy con una ironía macabra. Lo que entonces parecía un cinismo de pasillo, hoy es una verdad jurídica que la Fiscalía General de la República (FGR) intenta desentrañar. ¿Cómo es que cinco vagones de 1978, importados bajo el pedimento #3002075, terminaron transportando a más de 240 pasajeros sobre una vía que aún no terminaba de asentarse?

Las imágenes del interior tras el desastre son una postal del caos: cristales rotos, asientos arrancados de cuajo y el lujo “remanufacturado” manchado de sangre. La calidad de la obra ha quedado expuesta no por la crítica, sino por la física.

La Respuesta del Poder: Entre el Negacionismo y la Cifra

Desde el Palacio Nacional, la respuesta no fue de contrición, sino de confrontación. “Su objetivo es denostar”, sentenció la presidenta Claudia Sheinbaum, minimizando los cuestionamientos sobre la seguridad y el origen del equipo ferroviario. Para el poder, la crítica es un ataque político; para los 13 fallecidos, la política fue un error técnico mortal.

Mientras la Secretaría de Marina (SEMAR) custodia los restos de un naufragio terrestre, la duda queda flotando en el aire húmedo de Oaxaca: ¿Cuántas vidas más cuesta el orgullo de inaugurar obras a medio terminar con maquinaria de desecho?